8.12.08

¿Qué carajos tiene ésa que no tenga yo?

(Sin foto... ¡tampoco la pavada!)

Lo malo de encontrarse con el ex es encontrárselo acompañado y no se sabe qué es peor si encontrárselo bien acompañado o mal acompañado.

El sábado me pasó. Iba para un almuerzo en Dapa y fui a La 14 a comprar un vino tinto para llevar. Estaba en la caja registradora pasando la tarjeta cuando ¡Plop! Me doy vuelta y detrás de mí estaba él innombrable. Me saludó con su maldita sonrisa de sábado en la mañana. Yo le clavé la Colt 45. recortada que he practicado durante años frente al espejo, alcé la ceja derecha (o la izquierda, no se bien) y levanté la barbilla con cierto gesto de desidia, como para que luego no diga que no lo saludé. En eso llegó dando brinquitos el apéndice inflamado del que les hablo. Se le monió del cuello (no encuentro otro verbo que sirva para describir exactamente el acto de apercollar a un hombre de tal manera que quede absolutamente claro que está con ella, que pasó la noche con ella y que no está dispuesta a permitirle que deje de seguir pasando las siguientes noches con ella) y me sonrió como si no supiera quién soy. Me conoce, la muy desgraciada. Hasta nos presentó en la fiesta de amor y amistad en casa de Margarita. Pero la muy mugrosa me miró como si no tuviera la más remota idea de quien soy. Yo le devolví la sonrisa socarrona que uso para dejarle claro a alguien que no me engaña. Acto seguido recorrí su figura con la mirada hasta detenerme en los tacones de colorinches que tenía puestos. Me reí sin disimulo y devolví la mirada hasta sus ojos percatándome de las pestañas postizas pegadas con maybelline del barato hecho grumos en la base.

- ¿Te acuerdas de Carmen? – le preguntó el imberbe éste a la portadora de los shorts blancos y la ombliguera roja.

Si la dejaba con el “no” y la mano estirada hubiera dejado por el piso los años de aleccionamiento que me dio mi madre sobre la premisa de “lo cortés no quita lo valiente” así que le pasé la mano mientras me preguntaba por qué carajos no me arreglé antes de ir a comprar el vino sino que me puse un par de chanclas una camiseta re vieja y una sudadera azul oscura que tiene dos manchitas de pintura blanca encimita de la rodilla derecha. Ni hablar del pelo… lo llevaba cogido con un cocodrilo que se me escurre de lo usado que tiene el resorte.

La señorita de la registradora me hizo señas para que firmara el voucher y la mano me temblaba como percusionista de orquesta de verbena.

¡Qué momento más desagradable!

A pesar de eso, le di las gracias a la cajera, me despedí de la parejita acaramelada con otro gesto de desidia y me fui hacia la puerta de salida que da a la Avenida Sexta, que obviamente es la puerta equivocada para devolverme hacia mi casa. La soberbia me impidió regresar y, como Murphy me la tiene velada; dándole la vuelta a la manzana por fuera del almacén, me tuve que volver a encontrar con ellos subiéndose al carro. Paré en seco y me quedé frente al guarda de seguridad como si le estuviera preguntando algo pero mirándolos por el rabillo del ojo. El guarda a estas alturas debe estar convencido de que estoy loca y que a parte de loca soy una coqueta. Sin embargo tuve el tiempo suficiente de analizar la escena: el innombrable no le abrió la puerta del carro, se subió por su lado y pare de contar. Eso jamás me lo hizo a mí. Mi ego sintió un fresquito hasta que ella le zampó un beso de ésos que insinúan algo así como “Si no me llevás rápido a la casa te como aquí mismo”.

¿Qué carajos tiene ésa que no tenga yo?

Es una guarra, mal arreglada, con una melena de 7 colores distintos, empastada de maquillaje a las 10 de la mañana de un sábado, usando tacones 9 y medio con shorts… ¡Carajo! ¿No le enseñaron en le escuela que la clase no se improvisa?

Me regresé a la casa pensando qué era exactamente lo que más me indignaba y no supe si fue por lo mal acompañado que andaba o porque yo, que soy medio tonta, no le acepté a un amigo que me propuso hacerse pasar por novio mío cuando lo necesitara…

¿Por qué carajos no estabas ahí cuando te necesité?

4 comentarios:

ApoloDuvalis dijo...

Bueno, aunque no he estado con los calzones tan abajo cuando me he encontrado con mi ex y su nuevo levante, sí me ha pasado que la he visto bien acompañada y mal acompañada.

La respuesta, es que es mil veces peor verla mal acompañada, porque se supone que cuado a uno lo dejan, es para irse con con otro mejor que uno o por lo menos igual, y si tu autoestima todavía depende un poco de la opinión que tu ex tenga de ti, pues verla con un completo zoquete "significa" que a sus ojos eres un zoquete del mismo calibre. ¡Tenaz!

En cambio cuando uno la ve bien acompañada, pues creo que duele un poco pero al menos se siente alivio de que cambió para encontrar cosas que igual no iba a tener estando con uno. Aguanta. En todo caso, el nuevo novio de tu ex siempre es un güevón.

Angélica Vázquez dijo...

Bueno, todo depende de con quien estés tú para que le des o no importancia al hecho.

Saludos! Estás más guapa que nunca.

Carmen Posada dijo...

Qué gran honor tenerte de visita por mi ombligo, Muerteca.

A ver cuando se pasa Letty y hacemos fiesta para tres!!!

Angélica Vázquez dijo...

A ver cuando... Esperemos a Letty.